Anticoagulantes Orales
Los anticoagulantes orales son fármacos que se administran por vía oral, es decir, en forma de comprimidos, para modificar la coagulación de la sangre.
La acción de los anticoagulantes no es otra que la de evitar la formación de trombos en el torrente sanguíneo.
Los anticoagulantes clásicos: acenocumarol, warfarina y femprocumon, modifican la capacidad de coagular de la sangre evitando que la vitamina K sirva para formar alguno de los factores de la coagulación, tales como los factores II, VII, IX y X. Es decir, de los 13 factores que toman parte en la coagulación, 4 de ellos necesitan de la vitamina K. Pues bien, las personas que toman este tipo de fármacos ven retardada su coagulación, lo que tiene como consecuencia que:
Decía Jack Ansell y col que “pocos fármacos han tenido tal impacto en la salud, y tal poder de permanencia, como los anticoagulantes orales”.
Los anticoagulantes orales fueron introducidos en la práctica clínica ya que hace más de 70 años. Con ello se quería evitar la morbilidad y mortalidad de la enfermedad tromboembólica, consiguiendo que, cuando se produce un trombo o una embolia, el paciente quede lo menos afectado posible y no se muera.
A día de hoy, ya se puede hablar de nuevos anticoagulantes: se administran también en forma de comprimidos y evitan la formación de trombos. La ventaja sobre los anteriores es que no tienen necesidad de ser controlados como los anticoagulantes clásicos.
Todos los fármacos como antitrombóticos, modifiquen la coagulación o no, tienen un efecto en sangre limitado en el tiempo, por lo que tienen que ser tomados con el ritmo horario indicado y de forma crónica; en caso contrario el paciente queda desprotegido frente a su riesgo trombótico.
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